El Fierro Vizcaino

Martes, 7 Octubre   

Las puertas de las casas carecían de alcayatas (es decir, de clavos de hierro acodillados), y de los demás fierros de seguridades, como pudieran ser los cerrojos y los pasadores, usándose, en su ausencia, trancas de madera”, escribe.

Sucedía que el denominado “fierro vizcaíno”, que era “el único permitido por las leyes”, no llegaba a estas latitudes “con la abundancia deseable, y costaba como un diamante”.  Apenas habían podido costear, los propietarios, cerraduras de hierro para la puerta de calle de la casa y de la tienda, y nada más. Se operaba esta cerradura con una llave tan pesada y enorme, “que a veces no cabía en el bolsillo y con cuyo golpe, usándola también como arma en la pelea, podía matarse a un hombre


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